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5 monasterios remotos del mundo a los que solo se llega caminando o en mula »

Hay lugares sagrados que no buscan ser fáciles de visitar. Al contrario: su aislamiento forma parte esencial de su propósito espiritual, un filtro natural que separa la contemplación del turismo apresurado.

Llegar hasta ellos exige tiempo, esfuerzo físico y, en muchos casos, resignarse a que ningún vehículo motorizado pueda acompañar el trayecto final. Estos cinco monasterios recompensan el esfuerzo del camino con una sensación de logro que ningún destino accesible en auto podría ofrecer.

1. Paro Taktsang, Bután

Conocido como el «Nido del Tigre», este monasterio budista cuelga de un acantilado a 3,000 metros de altura en el valle de Paro. Según la leyenda, el maestro Guru Rinpoche llegó volando sobre el lomo de una tigresa para meditar en una cueva del lugar.

Hoy, el ascenso de más de mil metros se realiza a pie o parcialmente en mula, por un sendero de curvas pronunciadas que exige buena condición física antes de alcanzar la vista final del complejo.

2. Monasterio de Debre Damo, Etiopía

Fundado en el siglo VI sobre una meseta rocosa en el norte de Etiopía, este monasterio ortodoxo tiene un requisito de acceso único en el mundo: trepar quince metros por una cuerda de cuero, ayudado directamente por los monjes que habitan el lugar.

Por esta misma razón, tradicionalmente su acceso ha estado reservado únicamente a hombres, manteniendo un aislamiento casi total respecto al mundo exterior.

3. Monasterio Key, India

Ubicado en el Himalaya indio, en la región de Spiti, este monasterio budista tibetano se alza sobre una colina a 4,166 metros de altitud, con vistas que muchos visitantes comparan con paisajes de fantasía.

Sobrevivió a terremotos, saqueos y ataques a lo largo de los siglos, y hoy sigue siendo habitado por monjes que reciben a los pocos viajeros dispuestos a soportar la altitud extrema del trayecto.

4. Monasterio de Phuktal, India

En el remoto valle de Zanskar, este monasterio se construye literalmente dentro de una cueva natural en un acantilado, con sus habitaciones y capillas amontonadas como un panal de abejas sobre el cañón del río Tsarap.

El sendero de acceso, compartido en ocasiones con mulas de carga, obliga a los caminantes a pegarse a la roca para dejar pasar a los animales en los tramos más estrechos.

5. Skellig Michael, Irlanda

Frente a la costa atlántica irlandesa, este conjunto de celdas de piedra en forma de colmena fue fundado entre los siglos VI y VIII por monjes que buscaban el aislamiento más absoluto posible.

Solo accesible por barco en determinadas épocas del año, y con una empinada escalinata tallada en la roca como único acceso, la visita combina esfuerzo físico y un silencio casi sobrecogedor.

Yuniet Blanco Salas

Yuniet Blanco Salas

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